lunes, 16 de febrero de 2015

El Síndrome de la isla: Cosas que cambiarán en tu vida cuando te vengas a vivir a Malta (Parte I)

Adaptarse a un país y dejar tu casa atrás, conlleva una serie de cambios y vivencias de todo tipo y eso es lo que vamos a tratar en las próximas entradas. Básicamente se trata de una recopilación de distintas anécdotas y curiosidades que han vivido algunos de nuestros amiguetes en su ir y venir por la isla. Como el tema es muy amplio, irá en varias entradas porque si no va a ser demasiado tocho. Eso sí, antes de empezar, me gustaría puntualizar que todo lo que os voy a contar es en clave de humor y en algunos casos producto de la mala suerte, pero al fin y al cabo el objetivo de “El Síndrome de la isla” es hablaros sobre Malta de una forma diferente.

Empezamos pues con 5 de las cosas que cambiarán en tu vida cuando te vengas a vivir a Malta:

1.- ¡Sabrás dónde está Malta! -> si te pusieran a dibujar un mapamundi, podrías ubicar casi sin problemas España, Inglaterra, Irlanda y el resto de Europa… pero nadie sabe dónde pintar Malta hasta que decides venirte a vivir aquí. Eso sí una vez ubicada, te tocará explicárselo a la family and friends y claro, tendrás que tirar de referencias porque ellos tampoco saben dónde está. Total que acabarás diciendo que está “entre Italia y África”, que hay como más de 1000 kilómetros na menos (y teniendo en cuenta que de punta a punta de España no llegamos a 900, muy exacto no es) pero con eso ya se quedarán más contentos… salvo tus abuelos. Con lo que se quedarán tus abuelos es con lo de África, así que en tu barrio todo el mundo se creerá que te vas a trabajar a una ONG en vez de a mejorar tu inglés. Tus amig@s tampoco sabrán ubicar Malta, pero seguro que alguno te dirá “ostia! Ahí hay mucha fiesta, no?”.

2.- Las mudanzas -> tu primera mudanza lógicamente será al enfrentarte a ese momento de hacer la maleta para venirte desde España. Ya has aprendido a situar Malta en el mapa, pero tu desconocimiento del país, te hace pensar que aquí todo el año es verano y que todo lo que hay que meter es ropa cortita y “alguna manga larga”. Si vas al aeropuerto en verano ves a todo el mundo con su kit perfecto, pero ¡ay! los pobres que llegan sin haber preguntado de cara al invierno, que los ves con sus chanclas y su camiseta de manga corta y nada más salir de la terminal que hasta se les tuercen las gafas de sol del aire. Vencido ese primer paso, habitualmente se suele llegar con unos pocos días de alojamiento en un hostel o en casa de un amiguete, así que a la semana te tocará volver a empaquetarlo todo y mudarte a la habitación que has alquilado en un piso compartido. A partir de ahí ya puedes entrar en un bucle de mudanzas infinitas porque no te gusta la zona, porque no cuadres con tus compañer@s de piso, porque se acabe el contrato, porque te pille lejos del curro, porque un colega deja su habitación y es más barata… y yo no sé si es porque a la tercera ya haces la maleta desganao o que las maletas encojen con la humedad, porque cada vez que te mudas tienes más y más cosas y piensas “si yo me vine a Malta con dos putas maletas”. Total que empiezan a aparecer las “maletas maltesas” y trasladas tres cuartas partes de tu imperio en bolsas de basura, que cuando viene el taxi a buscarte no sabe si te estás mudando o estás reciclando.

3.- Todos somos de Madrid o de Barcelona -> si eres de alguno de estos dos sitios, no hay problema porque al decir que eres Spanish, todo el mundo te dirá “from Madrid” o “from Barchelona” y tú dirás “¡Yes, yes!” y podrás seguir con otra conversación, pero si resulta que eres de cualquier otro lado, las primeras veces y con toda tu buena fe, te pegarás un buen rato explicándoles con tu Pictionary (ese del que ya hablamos el otro día cuando tocaba ir a ver al médico) dónde está exactamente tu ciudad o pueblo. Total que a la vigésima vez que le digas a alguien lo de que eres Spanish, al contestarte lo de “Madrid or Barchelona”, dirás “¡Yes, yes!” aunque seas de Torremolinos. Lo bueno es que ahora si eres de León (como un servidor) como la nueva compañía de autobuses de Malta es de allí y ha salido en todos los medios, puedes decir “from the bus company” y quedas como un señor.

4.- “Malta está lleno de españoles” -> la principal motivación de venirte a vivir a Malta, suele ser mejorar tu inglés, así que inicialmente entre tu mejores propósitos está, por supuesto, el no juntarte con españoles y sumergirte en un entorno exclusivo de angloparlantes las 24 horas del día. Buscas pisos compartidos con extranjeros, actividades para practicar inglés, te alejas de los españoles en la academia, durante los primeros días pones hasta cara rara cuando oyes a alguien hablando español y a tu familia por Skype (después de tranquilizar a tu abuela con lo de que no estás en África por tercera vez) les dices eso de que “Malta está lleno de españoles”. Unas semanas más tarde ya te das cuenta de que a uno de tus compañeros de piso no le ves en todo el día porque para menos por casa que Marco, que la de la otra habitación habla peor inglés que tú y que no hay nada mejor que un Spanish para contarle tus penas e irte de fiesta sin el Pictionary. Total, las 24 horas del día dan para estudiar y practicar inglés, y aunque “Malta está lleno de españoles”… tú eres un@ de ell@s.

5.- ¡A comprar! -> vale, ya estás en tu nueva casa compartida con el que no ves y con la que no te entiendes, así que toca llenar la nevera. Aún no estás centrad@ en la isla pero has leído en distintos grupos que hay Lidl en Malta, así que como te suena familiar, es tu primera opción para hacer la primera compra grande. Miras el Maps para localizar el más cercano, te metes en Facebook para ver si alguien te dice qué autobús coger y como sabes que vas a comprar la de Dios es Cristo porque no tienes de nada en casa, te llevas la maleta grande para no tirar como una mula de todo el botín que te piensas traer. Te plantas en la parada de bus y después de ver que no pasa, como acabas de llegar y estás aventurer@, decides irte andando para ir conociendo la zona. A la que llegas después de haberte perdido tres veces y subir tres o cuatro cuestas de las gordas, llegas al Lidl ya con la gasolina justa y ves que no eres la única persona que se ha traído la maleta grande para hacer la compra. De hecho hay días que el Lidl parece más la T4 que un supermercado. Total, que tu vas echando al carro todo lo que pillas como que tu maleta fuera el armario ese que va pa Narnia y vas para la caja girando el carro en las curvas como que fuera un bus de dos cuerpos. A la que te enfrentas a la cajera y le ves unas uñas que ni Lobezno en X-Men, te invade un sentimiento contradictorio: por un lado temor porque te haga filetes los 8 cartones de leche que llevas y curiosidad por otro, porque verla sacar las monedas de céntimo del cajón para darte el cambio con esas garras, es para hacerle la ola. Pero no… la ola te la tendrían que hacer a ti, cuando te das cuenta de que la mitad de lo que has comprado, no te entra en la maleta y te tienes que ir para casa tirando de ella y de otras dos bolsakas hasta las trancas, que a duras penas llegas a la parada del bus… pero eso ya es otra historia, que os contaré en la próxima entrega.

Recordar que si necesitáis información sobre la vida en Malta, tenéis a vuestra disposición “Mis 50 consejos sobre Malta” en www.amazon.es/dp/B01CC86TO8 y que podéis localizarnos a través de los canales habituales de Que Hacer en Malta (webFacebookTwitter, comentando en este mismo blog o por email a info@quehacerenmalta.com).


2 comentarios:

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